Durante años, cuando se hablaba de innovación en América Latina, el foco ha estado en startups tecnológicas, fintechs disruptivas y avances en digitalización. Sin embargo, el Global Innovation Index 2024 ha encendido una alerta importante: el emprendimiento social —ese que combina impacto social con sostenibilidad económica— ha sido subestimado dentro de las políticas de innovación. Y esto representa tanto un reto como una gran oportunidad para la región.
¿Qué es el emprendimiento social y por qué importa hoy?
El emprendimiento social se refiere a iniciativas empresariales que nacen con la misión de resolver problemas sociales o ambientales, al tiempo que generan ingresos sostenibles. Según el informe de la OMPI, existen entre 10 y 11 millones de empresas sociales y más de 30 millones de emprendedores sociales en el mundo. Juntos, aportan alrededor de 2 billones de dólares al PIB global.
Pero más allá de los números, estas empresas están abordando problemáticas críticas: pobreza, acceso a servicios básicos, educación, salud, inclusión financiera y sostenibilidad ambiental. Lo hacen con modelos de negocio innovadores, adaptados a contextos complejos donde el mercado tradicional y los gobiernos no llegan.
América Latina: terreno fértil, pero con barreras sistémicas
Latinoamérica tiene todo para convertirse en un ecosistema fértil de emprendimientos sociales: desigualdades estructurales que exigen soluciones creativas, una población joven y emprendedora, y comunidades resilientes que han aprendido a innovar desde la escasez.
Sin embargo, el GII 2024 revela que la región todavía no ha incorporado plenamente el emprendimiento social en sus estrategias de innovación. ¿Por qué?
- Falta de marcos legales claros: en muchos países no existe una figura jurídica específica para empresas sociales, lo que las deja en un limbo normativo.
- Acceso limitado a financiamiento: pocas alternativas de inversión combinan retorno financiero con impacto social, lo que deja a estas empresas con menos capital para escalar.
- Medición de impacto difusa: la falta de métricas estandarizadas complica demostrar resultados tangibles ante inversionistas o gobiernos.
Casos inspiradores que están cambiando las reglas
A pesar de las barreras, varios emprendimientos sociales en países emergentes están demostrando que sí se puede. El GII 2024 destaca ejemplos como:
- Bandhu Tech (India): conecta a trabajadores migrantes con opciones de vivienda accesible mediante tecnología de IA.
- Green Bio Energy (Uganda): produce briquetas ecológicas como alternativa a la leña tradicional, reduciendo emisiones y mejorando la salud en comunidades rurales.
- Thaki (Líbano): equipa a niños refugiados con laptops reacondicionados, promoviendo su derecho a la educación.
En América Latina, iniciativas como Sistema B, Socialab, Arca Continental o La Juanita (Argentina) han ganado visibilidad, pero aún necesitan más respaldo estructural.
¿Qué debe cambiar en la región?
El informe ofrece una hoja de ruta clara para que los países de América Latina liberen el potencial del emprendimiento social como motor de innovación. Estas son algunas acciones clave:
- Establecer marcos legales específicos que reconozcan a las empresas sociales y les den estabilidad operativa y fiscal.
- Desarrollar fondos híbridos de inversión, que combinen capital público y privado con criterios de impacto social.
- Incluir el emprendimiento social en políticas de ciencia, tecnología e innovación, articulando programas de incubación, capacitación y redes colaborativas.
- Mejorar la medición del impacto, creando estándares que permitan evaluar de forma objetiva el valor generado por estas iniciativas.
Una apuesta de largo plazo con retorno social y económico
Invertir en emprendimientos sociales no solo significa atender causas nobles. También implica fortalecer economías más resilientes, inclusivas y sostenibles. Al incluir a las poblaciones más vulnerables como protagonistas de soluciones innovadoras, se abre la puerta a nuevos mercados, se mejora la cohesión social y se dinamizan sectores clave como salud, educación y medioambiente.
En una región donde el 29% de la población vive en pobreza y la informalidad alcanza el 50% en varios países, impulsar modelos que generen empleo con propósito es más urgente que nunca.
Una nueva narrativa para la innovación
El Global Innovation Index 2024 ha dejado un mensaje claro: la innovación no es solo tecnológica ni debe limitarse a Silicon Valley o a unicornios millonarios. También nace en los barrios más necesitados, en las ideas que salvan vidas y en los negocios que se comprometen con transformar realidades.
Es hora de que América Latina rediseñe su estrategia de innovación incluyendo al emprendimiento social como un actor clave. No solo porque es justo, sino porque es inteligente. Porque allí está el motor olvidado que puede impulsar el crecimiento sostenible y la equidad en nuestra región.
