El panorama que trazó el Banco Mundial el pasado 8 de abril no dejó mucho margen para el optimismo. En su informe semestral sobre América Latina y el Caribe, la institución proyecta que la región crecerá apenas un 2,1% en 2026, por debajo del 2,4% registrado en 2025. Pero el dato más revelador no está en el titular: con ese ritmo de expansión, el PIB per cápita de la región prácticamente no se mueve. Para millones de personas, el nivel de vida no mejora.
La desaceleración no es un fenómeno aislado ni sorpresivo. Obedece a una combinación de factores que el informe desglosa con claridad: el consumo privado sigue siendo el motor principal de la economía regional, pero no alcanza para compensar la debilidad crónica de la inversión. Las empresas, enfrentadas a tasas de interés globales que se mantienen elevadas y a una incertidumbre geopolítica y comercial sin precedentes recientes, han optado por la cautela sobre la expansión.
Medio oriente y el impacto en los precios de la energía
El conflicto en Medio Oriente —que ha mantenido los precios de la energía por encima de los rangos históricos— y la guerra comercial en torno a los aranceles impulsados desde Washington agravan el cuadro. Según el Banco Mundial, estos factores externos están limitando tanto el financiamiento como la demanda de exportaciones de los países latinoamericanos.
La fotografía interna de la región es, sin embargo, heterogénea. Guyana continúa siendo el caso atípico por excelencia: se proyecta un crecimiento de 16,3% para 2026, impulsado por su sector petrolero en franca expansión. Le siguen Paraguay (4,4%), Surinam (4%), Panamá (3,9%) y Guatemala (3,7%). En el otro extremo, Brasil —la mayor economía de la región— crecería apenas un 1,6%, arrastrado por el endurecimiento de las condiciones financieras domésticas y la incertidumbre fiscal. Argentina, catalogada como “excepción” en el informe, proyecta un 3,6% gracias al ajuste fiscal y la recuperación del consumo tras años de contracción.
El informe no se limita al diagnóstico: ofrece cuatro recomendaciones concretas para destrabar el potencial de la región.
- La primera es cerrar las brechas de habilidades mediante inversión en educación, formación técnica y capacidades gerenciales.
- La segunda es ampliar el acceso al financiamiento y modernizar los marcos legales de insolvencia, que en muchos países siguen siendo un freno para el emprendimiento.
- La tercera apunta a profundizar la integración comercial intrarregional.
- Y la cuarta exige fortalecer las instituciones para diseñar mejores políticas públicas.
Cambios en la cadena de suministro a nivel global
Lo que no dice el informe —aunque está implícito entre líneas— es que la ventana para que América Latina suba en la cadena de valor global es estrecha. La reconfiguración de las cadenas de suministro globales, acelerada por los aranceles de Trump y la fricción entre EE.UU. y China, ofrece oportunidades reales para la manufactura regional. Pero aprovecharlas requiere exactamente lo que el informe pide: inversión, instituciones confiables y capital humano capacitado. Sin esas tres condiciones, la región seguirá siendo proveedora de materias primas en un mundo que compite por el control de las tecnologías del futuro.
El 2,1% es más que un número. Es el ritmo al que América Latina se mueve hacia un futuro que, para bien o para mal, ya llegó.
